No fue por afán de competencia. Ni por comparar. Lo cierto, es que en plena reunión de amigos surgió el contraste. Ahí estaban las dos. Las dos panzas. La de mami y la de papi. Con contenidos diferentes. Con formas distintas. La hay bien redonda y también la hay en punta.
Fue como dos imanes grandes que se atrajeron. Fue a los cinco meses. Pronto las medidas se iban a equiparar.
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